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Causas del problema demográfico español

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Las causas de la situación demográfica actual de España son muchas. Vamos a señalar todas las que, desde nuestro punto de vista, más han influido en agravar la situación, sin excluir las que consideramos de menor fuerza causal.

Nuestro objetivo en este trabajo no es entrar en disquisiciones morales o de bioética, ni mucho menos en religiosas, sólo daremos una relación lo más extensa posible de las causas que, en nuestra opinión, pueden estar influyendo en el problema demográfico español para después entrar en el análisis de las políticas que respondan a cada una de las causas.

A. Retraso del momento de la maternidad.

El retraso de la maternidad está influido principalmente por la incorporación de la mujer al mundo laboral y por el nivel educativo de las mujeres, aspectos ambos en los que la mujer ha dado un gran salto cuantitativa y cualitativamente.

Respecto a la primera de las causas señaladas, a partir de 1985 es cuando comienza el verdadero incremento de incorporación de la mujer al mundo laboral en España, aunque con cierto retraso respecto a los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), pero con decidido impulso. (Gráfico 1).

 

Gráfico 1 [2]
Tasa de actividad femenina

Fuente: OECD Employment Outlook.

La incorporación de la mujer al mercado trabajo en los países mediterráneos en general, al contrario de lo que ha ocurrido en los países del norte de Europa, ha supuesto un descenso del índice la fecundidad hasta los años 1995 a 1998 (Gráfico 2).

Gráfico 2[3]
Índice de fecundidad comparado

Fuente: Eurostat.

 A partir de esos años la fecundidad aumenta hasta el inicio de la crisis del 2008. En el caso concreto de España se puede decir que la correlación negativa que existía hasta el año 1998 entre trabajo de la mujer y fecundidad ha cambiado de signo, a partir de ese año parece que en la decisión de tener un hijo era importante para la mujer contar con un puesto de trabajo y contribuir a una mejor economía familiar.

Así la fecundidad fue en aumento hasta el año 2008 en el que se alcanzó el máximo de 1,44, a partir de ese momento y congruentemente con el nuevo signo de la correlación trabajo-fecundidad, a la pérdida de puestos de trabajo debida a la crisis correspondió un descenso de la fecundidad, alcanzando un mínimo de 1,27 en el 2013 y siguiendo con una tímida recuperación hasta el 2016 (1,34) (Gráfico 3), paralela la tímida recuperación de puestos de trabajo, a pesar de la temporalidad e inseguridad de muchos de ellos. El hecho de que en el año 2017 el índice de fecundidad haya descendido de nuevo, según cifras provisionales del INE (Instituto Nacional de Estadística), hasta el 1,31 es debido al descenso de mujeres en edad fértil (15-49 años), como consecuencia de las generaciones menos numerosas que nacieron en la década de los 80 y mitad de los 90[1].

Gráfico 3[4]

Pero mantener la correlación positiva que se ha logrado establecer en España entre trabajo de la mujer y fecundidad también depende de otros factores relativos a la normativa laboral y organización social del trabajo, a los convenios laborales, a la igualdad entre sexos, a las políticas de bienestar y al apoyo de las familias, entre otras cosas. Y como analizaremos posteriormente en España, con excepción del apoyo de las familias, el resto de los factores no son precisamente los más adecuados para que las parejas tomen la decisión de formar un núcleo familiar y tener el primer hijo, no digamos el segundo. La escueta reacción institucional adoptando algunas medidas de apoyo a la conciliación de la vida laboral y familiar, no ha logrado calar como debiera en el tejido empresarial. De esta forma, de los tres pilares de los que se suele hablar cuando se trata de la citada conciliación, el Estado, el mercado laboral y la familia, el que proporciona más seguridad a la conciliación, en España y en países mediterráneos como Grecia e Italia, es la familia. La doctora Almudena Moreno Mínguez así parece asegurarlo[5]:

“…países como España, Italia y Grecia donde existe un escaso desarrollo institucional de las políticas familiares. En concreto Moreno (2002) se refiere al régimen de bienestar mediterráneo como un régimen con unos estilos de vida y unas necesidades de bienestar diferenciadas, en donde la familia se constituye como factor esencial de microsolidaridad complementaria de la acción estatal y de los servicios ofertados por las organizaciones privadas”.

Por ello se habla de Estado de Bienestar mediterráneo, que engloba a países que no deberían ser incluidos dentro del tipo de Estado de Bienestar conservador, como lo hace Esping Andersen[6], dado que en aquellos la familia recibe un escaso apoyo, al contrario que otros pertenecientes al tipo conservador como, por ejemplo, Francia, Austria o Alemania. Como consecuencia, en los países mediterráneos se ha desarrollado en mayor medida el “familiarismo”. En la tesis citada anteriormente la doctora Almudena Moreno Mínguez menciona en este sentido lo siguiente[7] :

“…los trabajos de Vicenç Navarro (2002; 2003) sobre el Estado de bienestar español apuntan al reducido gasto social en protección social como el principal indicador revelador de las características que comparten los países del sur de Europa. Según los cálculos realizados por este investigador, la protección social está escasamente desarrollada en países como España e Italia en comparación con el resto de Europa. Esta situación precaria despunta sobre todo en la partida de protección a la familia, lo que corrobora la teoría defendida por Vicenç Navarro (2003) de que la dependencia y solidaridad familiar (familiarismo), en el caso concreto de España, es el resultado de una limitada política de protección en materia familiar”.

Respecto al nivel educativo de las mujeres, hay que decir que, sin duda alguna, ha evolucionado en las últimas décadas de tal manera, que hoy día supera el de los hombres. De hecho, en España los últimos años estamos asistiendo al gran incremento del número de mujeres con educación de nivel superior (Gráfico 4)[8], en el que se aprecia que el número de mujeres con educación superior (53,3%) es mayor que el de hombres (46,7%) en el año 2016, y la tendencia se ha mantenido desde 1995 por lo menos.

Este hecho podría modificar la situación de hipergamia (coloquialmente llamado en inglés marrying up, es el acto de buscar pareja o cónyuge de mayor belleza, nivel socioeconómico, o casta social que uno mismo.), llegando a la hipogamia (acto de buscar pareja o cónyuge de menor belleza, nivel socioeconómico, o casta social que uno mismo, Lo que los anglosajones conocen como marrying down). Ya en el año 2001, el 40,12% las parejas españolas eran hipógamas[9]. No obstante, parece que hoy día las mujeres españolas con estudios superiores prefieren emparejarse con hombres de su mismo nivel educativo.

Esta situación puede traer como consecuencia el retraso en la formación de las parejas y en tener el primer hijo, con el consiguiente descenso del índice de fecundidad. La esperanza es que los efectos debidos a esta causa sean absorbidos, o mitigados, por la adaptación social al hecho de contar con un mayor número de mujeres de nivel educativo superior, llegando a considerar normal la formación de parejas hipógamas, y disminuyendo el tiempo para tener el primer hijo.

Según la Encuesta sobre Fecundidad, Familia y valores 2006[10] del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), la influencia de la educación en el número de hijos era negativo. Las mujeres de 40 a 49 años con estudios universitarios tenían una media de 1,5 hijos, mientras que la media de las mujeres que no tenían estudios universitarios es de 1,9 hijos. Sin embargo, estas diferencias parece que van disminuyendo con el tiempo, aunque, a pesar de todo, disminuya el índice de fecundidad general, situándose en 2017 en la cifra (aún provisional) de 1,31.

Gráfico 4

Lógicamente los costes marginales indirectos de tener hijos, relacionados con la carrera profesional, son más elevados para las mujeres con educación superior y mejores perspectivas profesionales. Por ello las mujeres con alto nivel educativo y empleos de mayor estatus son más dadas a retrasar el momento de la maternidad y, por lo tanto, disminuir las posibilidades de tener un segundo o más hijos. En España el aplazamiento de la maternidad ya es más generalizado: en 2010 la media de edad a la que tener el primer hijo era 32,9 años para las mujeres con estudios universitarios, 30,8 para las que habían completado el segundo ciclo de estudios secundarios y 28,2 para las que tenían el primer ciclo de estudios secundarios (Gráfico 5).

B. Formación y ruptura de parejas vs fecundidad. ¿Crisis del matrimonio tradicional?

En España las diferentes formas y maneras de constituir pareja de convivencia y los distintos tipos de hogares a considerar llegan con un cierto retraso respecto a otros países de Europa. Pero como en otras cuestiones la asimilación de todos ellos ha sido rápida e intensa. Por poner un ejemplo, en la Encuesta Continua de Hogares de 1991 no se mencionaban las parejas del mismo sexo, sin embargo, en la encuesta de 2011 la cifra de este tipo de parejas era de 54.920 y en la de 2017 se elevaba hasta 78.900[11].

Para centrar los conceptos que se emplean en esta cuestión, el INE considera las siguientes definiciones:

  • Hogar: es la persona o conjunto de personas que residen en una vivienda familiar.
  • Núcleo familiar: Unidad jerárquica intermedia entre el habitante y el hogar. Puede ser de cuatro tipos: pareja sin hijos, pareja con uno o más hijos, padre con uno o más hijos, y madre con uno o más hijos. Para formar parte del núcleo familiar de sus padres, los hijos deben no estar emparejados ni tener hijos que convivan con ellos.

 Gráfico 5

Podríamos también hablar de varios tipos de familias o núcleos familiares:

  • Familia clásica (o nuclear). La formada por el padre, la madre y los hijos. El INE suele diferenciar entre las que no tienen hijos, las de 1 hijo, las de 2, hijos y las que tienen 3 o más hijos.
  • Familia extendida. La formada por el núcleo familiar clásico más otros familiares, como abuelos, tíos, etc.
  • Familia monoparental. Constituida por uno solo de los padres y los hijos (1,2, 3 o más). En este caso el padre o la madre puede ser separado, divorciado, soltero o viudo.
  • Familia homoparental. Formada por una pareja homosexual y los hijos biológicos o adoptados.
  • Familia de hecho, o pareja que convive sin ningún enlace legal, con o sin hijos.

Estos tipos de familias constituyen los correspondientes hogares, a los que habría que añadir:

  • Los hogares unipersonales
  • Los hogares que se constituyen en base a 2 o más familias (núcleos familiares reconstituidos), como puede ser una madre con sus hijos y un padre viudo con sus hijos, o viceversa. O también aquellos constituidos en base a una relación sentimental, de convivencia, o de solidaridad.

Evidentemente en algunos de los casos expuestos, por razones obvias, no es posible la procreación y en otros ésta es dificultada, siendo los tipos de núcleo familiar clásico y “de hecho” los que más aportan a la tasa de natalidad.

Además de la diversidad de hogares y núcleos familiares, hay que tener en cuenta el cambio que ha tenido lugar en lo referente al incremento de la edad en la que se decide formar una pareja, por ejemplo en el año 2001 el 62% de las mujeres españolas de entre 20 y 34 años no habían formado su primera unión conyugal (Castro-Martín et al., 2008); consecuentemente este hecho hace aumentar la edad en la que se tiene el primer hijo (actualmente se sitúa cerca de los 33 años), y ello influye definitivamente en el descenso del índice de fecundidad, ya que el retraso de la edad en la que se tiene el primer hijo puede producir más abortos espontáneos, más embarazos de riesgo y dificulta la posibilidad de tener más hijos.

La institución del matrimonio sigue siendo considerada de gran importancia y con vigencia. Sólo un tercio la cohorte de mujeres entre 20 y 29 años la consideraba en 2006 una institución anticuada[12]. Todavía es tenida como la unión que en mayor medida considera la procreación como uno de sus fines. No obstante, hay que señalar que las estadísticas muestran que las uniones “de hecho” han incrementado últimamente el número hijos, aproximadamente un 47% de estas parejas han dado el paso de tener hijos, y en el año 2017 un había 849.000 de parejas de este tipo con 1 hijo o más (10% del total)[13].

No se puede olvidar tampoco la tendencia al alza del número de nulidades, separaciones y divorcios, que en el año 2016 sumaron 101.294 (2,2 ‰ habitantes), lo que supuso un descenso del 0,1% respecto al año anterior, rompiendo mínimamente la tendencia según datos del INE en su Estadística de Nulidades, Separaciones y Divorcios del año 2016[14].

C. Condiciones que se ponen para la formación de un núcleo familiar.

Para los jóvenes, hace años que la emancipación ha dejado de ser un objetivo, están bien en casa de los padres. Por supuesto la formación de una familia no está dentro de sus primeras prioridades. Y cuando se lo plantean, la realidad que encuentran es muy dura y sus condiciones para dar el paso son bastante más duras que hace años. Todo ello hace retrasar el objetivo de la emancipación y la formación de una familia.

Cada vez se retrasa más la salida de la casa de los padres. Según la Encuesta Continua de Hogares de 2017 del INE, “más de un tercio de las 5.382.500 personas entre 25 y 34 años todavía no se había independizado en 2017. El 52,7% de los jóvenes entre 25 y 29 años vivían con sus padres o con alguno de ellos…”[15].

En perspectiva comparada, según el artículo del periodista Álvaro Sánchez publicado en El País el día 3 de mayo de 2017[16], los jóvenes españoles se emancipan como media a los 29 años, por encima de la media de edad (26,1 años) en que lo hacen en la Unión Europea (UE) y casi diez años después que en países del norte de Europa como Suecia, Dinamarca o Finlandia. Además de la evidente ventaja económica que supone seguir en casa de los padres y de la comodidad de la que se disfruta, existen otras razones que hay que tener en cuenta:

  • Desempleo juvenil. En España, junto a Grecia e Italia, el desempleo juvenil casi triplica el de los países del norte europeo antes mencionados.
  • Temporalidad del empleo. Las tres cuartas partes de los jóvenes entre 15 y 24 años tienen un empleo temporal con un salario bajo.
  • Elevados precios de la vivienda, tanto en propiedad como en alquiler. Lo que obliga a tener un salario suficiente que raramente se consigue y para sólo lograr una vivienda precaria o compartida.
  • Falta de incentivos al empleo juvenil y de becas para estudios.

Esta situación hace que los jóvenes retrasen la asunción de las decisiones necesarias para su emancipación y la formación de un núcleo familiar, aplazando “sine die” la decisión de tener el primer hijo, con las consecuencias que ello.

No queremos dejar de mencionar que en España hay un mayor arraigo familiar que en otros países y ello hace que, tanto los padres como los hijos, consideren normal la permanencia de estos últimos en el hogar familiar hasta edades imposibles hace 30 años.

Tampoco podemos dejar de señalar que, sin olvidar las importantes razones mencionadas anteriormente, en la sociedad española actual está extendida una cierta cultura de la comodidad y del consumo, que induce a los jóvenes a condicionar su emancipación y formación de un hogar a la posesión de una serie de bienes materiales hoy día considerados, erróneamente según mi punto de vista, imprescindibles.

La cuestión de la vivienda, a pesar de que existen opciones asequibles en ciertas zonas de España y en condiciones humildes, lo cierto es que en muchas poblaciones el precio del alquiler y de la venta de vivienda ha alcanzado niveles inadmisibles. La especulación desenfrenada por parte de todo tipo de personas físicas y jurídicas hace muy difícil conseguir a precios razonables una vivienda para formar un hogar. Y tampoco parece ser una de las cuestiones que motiven mucho a los responsables políticos, siendo quizá uno de los principales obstáculos para los jóvenes que quieren emanciparse y formar un hogar. El demógrafo y catedrático Julio Vinuesa escribió que “…adquirir una vivienda costaba, además, el 50% de la renta familiar, convirtiendo el mercado español de la vivienda en uno de los más caros del mundo. Y las viviendas públicas en alquiler representaban solo el 2%, frente al 18% de la UE.

D. Coste económico y sacrificio personal que supone tener hijos.

Si a los condicionantes expuestos para la emancipación y la creación de una pareja unimos los costes que puede suponer la crianza de un hijo, podemos suponer lo difícil que les resulta a los jóvenes tomar la decisión de lanzarse a la aventura de la paternidad.

Según un estudio de 2016 realizado por la periodista de La Vanguardia[17], que tomó como referencia el informe elaborado por la Confederación Española de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU) en el año 2006, el gasto que supone un hijo durante los tres primeros años de vida alcanza los 14.196 euros/año. Este estudio incluía alimentación, ropa y calzado, juguetes, accesorios (silla/coche, cuna, cambiador, silla de coche, habitación…), sanidad. Las cantidades que suponían cada uno de los conceptos fueron actualizadas según el IPC de los 11 años trascurridos desde el informe de la CEACCU. También consideró el mencionado estudio la aparición de nuevos productos y el alza que suponía algunos gastos servicios como la educación y la sanidad. En este último caso hay que señalar que muchos padres han optado por contratar un seguro médico complementario que, aunque pudiera considerarse innecesario, refuerza las prestaciones públicas en tiempo de crisis o recortes sanitarios y evita las largas listas de espera de médicos especialistas. Así mismo se han incluido los gatos correspondientes a vacunaciones voluntarias no sufragadas por la sanidad pública.

De la cifra de gastos anuales entre los 0 y 3 años del niño facilitada por CEACCU se deduce un gasto medio mensual de 1.183 euros que, si lo comparamos con el salario neto mensual medio, puede producir vértigo a cualquier pareja joven, a menos que trabajen ambos miembros y su salario sea dos veces el Salario Mínimo Interprofesional (SMI).

Pero el vértigo no acaba a los tres años del niño, porque en el citado informe de la CEACCU se “…cifraba el gasto de un hijo, desde su nacimiento hasta los 18 años, en un mínimo de 98.205 y un máximo de 301.274 euros…”. Cantidades que en el año 2016 ya supondrían entre 115.489 y 354.298 euros. Descontando de esas cantidades lo gastado los tres primeros años de vida, el resto de los años hasta los 18 supondría una media anual de entre 6.752 y 22.673 euros, dependiendo del tipo de educación y sanidad por la que se optara y de los hábitos de alimentación, ocio y consumo familiares.

Nuestros gobiernos no ayudan demasiado a reducir estos gastos. No han tomado en consideración la rebaja del tipo de IVA para los productos de higiene infantil, como sí lo han hecho con los productos de higiene íntima de la mujer, ni ha extendido el sistema de educación a los menores de tres años, etc. Y al final las parejas se encuentran con la triste realidad de tener que enfrentarse con esos gastos directos, para los cuales, solo a veces, pueden contar con la ayuda de la familia, además de sufrir los efectos indirectos que la paternidad les puede acarrear en su carrera profesional.

Pero además de la cuestión económica hay otras consideraciones que los jóvenes se plantean a la hora de tomar la decisión de ser o no padres, y éstas tienen que ver con la tranquilidad y libertad que perderían en caso de decidirse por tener hijos. Sus hábitos de vida social, su forma de viajar, su manera de descansar, sus horarios de ocio y deportes…todo, o casi todo, se les alteraría. Y a ello algunos no están dispuestos, la cultura de la comodidad les hace refractarios a esos sacrificios.

Además, ahora está extendida la idea de que cuando alcancemos la vejez habrá un maravilloso Estado del Bienestar que nos atenderá y mantendrá. Antes se fiaba esa función a la familia, a los hijos. Ahora ya no es necesario tener hijos para sentir una cierta seguridad de lo que nos deparará nuestra vejez, el estado proveerá. Ojalá sea así, pero actualmente ya no se ve claro que el actual Estado del Bienestar se pueda mantener en el futuro con las mismas prestaciones que ofrece hoy día.

E. Cambio del modelo tradicional de vida familiar.

El concepto de vida familiar está cambiando, se orienta hacia la idea de una pareja en la que el reparto de las labores del hogar es igualitario y ambos trabajan fuera del hogar y colaboran en la economía familiar. La institución del matrimonio sigue siendo valorada positivamente, pero en las cohortes de menor edad esta institución está perdiendo importancia y siendo sustituida por uniones de convivencia estable. Paralelamente algunas mujeres optan por una maternidad en soltería, opción mayoritariamente aceptada por las mujeres.

La diferenciación drástica de los roles de las mujeres y los hombres en la vida familiar que se daba en el pasado se ha ido diluyendo. La evolución de las condiciones socio-económicas ha hecho cambiar estos roles, de tal manera que actualmente la mujer tiene que dividir su tiempo de actividad entre el trabajo remunerado y el doméstico, no solo por deseo de tener su propia carrera profesional, sino también por la necesidad de colaborar en la economía familiar y de ayudar a sus hijos a salir adelante. Esta realidad afecta en mayor medida a la mujer porque, aunque se está en ello, aún no se ha alcanzado el ideal del reparto equitativo de labores del hogar y es una causa importante de la ruptura de parejas.

De los datos ofrecidos por la Encuesta de Fecundidad, Familia y Valores 2006 del CIS[18], un 64% del total de las mujeres encuestadas preferían el modelo de familia con reparto equitativo de roles o “familia simétrica”, pero para el conjunto de mujeres entre 15 y 49 años este porcentaje se elevaba al 75,6%. El modelo de “familia intermedio”, en el que el hombre dedica algo más de tiempo al trabajo remunerado y la mujer algo más al trabajo doméstico, solo era elegido por el 16,2% de las mujeres encuestadas. El modelo de “familia tradicional”, en el que el hombre trabaja fuera de casa y la mujer se dedica a la casa y a los hijos, es cada vez menos preferido, en la citada encuesta ya solo lo era en el 13,9% del total de casos, pero en la cohorte de mujeres de 15 a 49 años ya solo lo preferían el 6,5%.

Lo que es objetivamente innegable, y está confirmado por la opinión mayoritaria de las mujeres, es que el reparto de tiempo que tiene que hacer una mujer entre lo doméstico y lo laboral, redunda en detrimento de su promoción y oportunidades laborales.  Como también es una realidad que menos de la mitad de las mujeres que, deseando vivir en una familia simétrica, lo consiguen. Esa proporción se estimaba en el año 2006 en un 46,5%, aunque entre las mujeres menores de 35 el porcentaje de las que logran hacer coincidir deseo y realidad es bastante mayor (58,9%)[19]. En nuestra opinión esos porcentajes pudieran ser exagerados, pudiera ser que las encuestadas estuvieran confundiendo deseos con realidades, lo cierto según lo que hemos leído y consultado es que la situación parece no haber mejorado mucho.

Por supuesto que estos hechos disminuyen el número de mujeres que deciden tener el primer hijo y por supuesto el deseo de tener un segundo y tercero. Sólo en el caso del modelo de familia tradicional, con los roles bien diferenciados entre la mujer y el hombre, parece que el deseo y la realidad de tener hijos se corresponden, siempre y cuando el salario aportado por hombre sea suficiente. Y así seguirá siendo si no cambian las condiciones laborales para los padres de ambos sexos, ni se produzca un apoyo público decidido a la familia en materia fiscal, de vivienda, sanidad y educación.

F. Valores políticos y religiosos.

En España se sigue valorando muy positivamente a la familia y hay acuerdo casi unánime en la necesidad de dar a la vida familiar una mayor importancia, aunque las políticas sociales aplicadas por casi todos los gobiernos no hayan ido en esa línea, otra muestra más de la falta real de sintonía entre la gente y los políticos. Igualmente se considera un deber de los padres ayudar a los hijos para salir adelante en la vida, aunque entre los más jóvenes ya se observa, aunque de forma minoritaria, la idea de que los padres tienen su vida propia y no se les debe exigir el sacrificio de su bienestar. Así es que la familia en España sigue aun siendo un ámbito de solidaridad intergeneracional. Y ésta es un valor que trasciende a los valores materialistas y a los posmaterialistas manejados por políticos y generadores de opinión.

Muestra de esa solidaridad es el valor que se le da al trabajo remunerado de la mujer, al considerarlo no solo como una aportación a la economía de la familia, como una seguridad económica, sino como una aportación de la mujer al bienestar de los hijos. Además, el trabajo remunerado de la mujer tiene un valor inmaterial añadido, al ser considerado como una parte fundamental de la trayectoria vital de las mujeres y como un factor decisivo para su libertad y autonomía personal, por encima del valor económico del mismo.

La competencia entre el tiempo dedicado al trabajo remunerado y el trabajo doméstico es el problema al que se enfrenta la mujer en la mayor parte de los casos. La solución a ese problema suele pasar por la reducción del tiempo dedicado a ambas actividades, y para lograrlo son necesarios cambios en un mercado laboral que actualmente es muy rígido, unos equipamientos sociales más adecuados y una igual responsabilización de los cónyuges en las labores domésticas y el cuidado de los hijos. Esto supone dar una menor preponderancia a nivel institucional y en el ámbito familiar a los valores materialistas y valorar más aspectos relativos a la libertad personal, a las condiciones de vida digna, a una mayor y cercana participación en las decisiones sobre políticas sociales que afecten al tipo de vida que los individuos eligen.

Pienso que estos cambios podrían tener una incidencia positiva en el cambio de la tendencia descendente actual del índice de fecundidad y seguramente aportarían satisfacción a esa mayoría de mujeres que manifiestan tener menos hijos de los que realmente habían deseado.

Otro aspecto que puede haber influido en el descenso de la tasa de natalidad es el religioso. Como queda patente en las encuestas los españoles nos declaramos mayoritariamente católicos, en el año 2006 se manifestaban así un 86,1% las mujeres y un 85,6% los hombres. Pero al mismo tiempo se declaraba no practicante la mayor parte de ellos, dándose lugar al fenómeno del “catolicismo cultural”, que es una disidencia masiva respecto de la doctrina de la Iglesia Católica, pero que no ha supuesto el abandono de la misma[20].

Esa disidencia es paralela a la progresiva secularización de la sociedad y al consiguiente distanciamiento de los principios que la Iglesia Católica ha mantenido inalterables sobre el matrimonio, los métodos anticonceptivos y el papel de la mujer en el hogar, ante todo. Ese distanciamiento ha sido consecuencia de que algunos movimientos ideológicos y políticos que, en uso de su libertad, han contrapuesto sus puntos de vista y sus principios a los de la Iglesia Católica y han logrado que, en su mayoría, los católicos dejaran de considerar inalterables aquellos. Como ejemplo valga mencionar que la aparición de “la píldora” hace 50 años fue un gran impacto social que cambió sustancialmente las relaciones de pareja.

Lógicamente el dejar de seguir los principios de la doctrina de la Iglesia Católica ha redundado, entre otras cosas, en dejar de considerar la procreación como el principal fin del matrimonio, en la aceptación social de los métodos anticonceptivos y el aborto y en considerar el papel de la mujer en el hogar de diferente manera. No cabe duda de que todo ello ha jugado un papel importante en el descenso de la fecundidad de la mujer española.

G. La cuestión del aborto.

Esta es una cuestión muy polémica y no es nuestro propósito entrar en ella desviándome del objetivo final del trabajo, que es la definición de las políticas públicas necesarias para evitar la sangría demográfica que nos espera, si no se corrige la tendencia. Así que al margen de nuestra opinión o de otras que pudieran tenerse en cuenta, aquí solo vamos a dar datos objetivos sobre la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) en España y su influencia en la baja natalidad que estamos padeciendo.

Por no remontarnos más atrás en el tiempo, en el año 2000 se practicaron 63.756 interrupciones voluntarias del embarazo y la tendencia siguió al alza hasta el año 2011, en el que el número de abortos fue de 118.611. A partir de ese momento todos los años ha estado bajando hasta en año 2016, en el que se practicaron 93.131[21]. Estas interrupciones de embarazo se acogieron unas a la Ley Orgánica 91/1985, la de los tres supuestos, y otras a la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo y normas posteriores de desarrollo, que facilitaban mucho más dicha interrupción voluntaria del embarazo.

Desde un punto de vista de estadística demográfica se veía que la promulgación de esta última ley iba a empeorar la futura situación demográfica de España, sin entrar en consideraciones morales, éticas o de oportunidad política. Sin detallar excesivamente las cifras, el número de nacimientos desde el año 2008 ha descendido un 24,6% hasta los 391.930 nacimientos del año 2017 (cifra provisional) [22]. En esos años la media de nacimientos habrá sido aproximadamente de 450.000 anuales, cuando para un adecuado relevo generacional necesitaríamos unos 600.000 nacimientos/año. Deberíamos tener unos 200.000 niños más al año, pero no se han aplicado las precisas políticas que incentivaran la natalidad y corrigieran ese déficit, además las sucesivas leyes de interrupción voluntaria del embarazo, sobre todo la última, han supuesto un déficit de nacimientos de aproximadamente 100.000 niños cada año, que supone el 50% del déficit de nacimientos.

En la Tabla 1 se muestra la evolución del número de abortos desde el año 1986 hasta el 2016, según las estadísticas del Ministerio de Sanidad y del INE. Como puede observarse el total de “no nacidos” a lo largo de esos 30 años supera los 2 millones. Sin emplear mucha matemática, haciendo unos sencillos cálculos a la baja, suponiendo que la mitad de ellos (C/2) hubieran sido mujeres y si empleamos sólo el índice actual de fecundidad de 1,31, no el que corresponde realmente a cada año, nos resulta el número de hijos que las niñas “no nacidas” pudieran haber tenido (columna F de Tabla 1) al alcanzar la edad fértil (de 15 a 49 años), desde el año 2001 en el que las nacidas en 1986 tendrían 15 años, hasta el 2065, en el que las nacidas en 2016 tendrán 49 años. El total de la columna F (1.441.164) sumado a los más de 2 millones de “no nacidos” en el periodo de 30 años considerado da un resultado próximo a los 3,5 millones de personas activas, cifra que mejoraría la relación de población activa/población pasiva. Todo ello sin tener en cuenta que las que hubieran nacido entre 1986 y por ejemplo 2005 ya podrían ser abuelas y habría que sumar una segunda generación.

Tabla 1

Número de abortos desde el año 1986 al 2016 (solo quirúrgicos, sin contar los producidos por métodos químicos) y posible pérdida de población

Año

A

Clínicas

B

Número de casos

C

Tasa por 1000 mujeres

D

Constante

C/2 x 1,31

E

Probable población perdida

F

1986 411 0,05 0,655 269
1987 16206​ 1,96 0,655 10614
1988 26069​ 3,11​ 0,655 17075
1989 30552​ 3,61 0,655 20011
1990 37231​ 4,35 0,655 27451
1991 41910​ 4,79 0,655 27451
1992 44962​ 5,1 0,655 29450
1993 45503​ 5,15 0,655 29804
1994 47832​ 5,38 0,655 31329
1995 49367​ 5,53 0,655 32335
1996 51002​ 5,69 0,655 33406
1997 49578​ 5,52 0,655 32473
1998 117 53847​ 6 0,655 35269
1999 123 58399​ 6,52 0,655 38212
2000 121 63756​ 7,14 0,655 41760
2001 121 69857 7,66 0,655 45756
2002 124 77125 8,46 0,655 50516
2003 128 79 788 8,77 0,655 52261
2004 133 84985​ 8,94 0,655 55665
2005 134 91664​ 9,6 0,655 60039
2006 135 10.592 10,62 0,655 66542
2007 137 112138​ 11,49 0,655 73450
2008 137 115812 11,78 0,655 75856
2009 141 111482​ 11,41 0,655 73020
2010 146 113031 11,71 0,655 74035
2011 173 118359 12,47 0,655 77525
2012 189 112390 12,12 0,655 73615
2013 198 108690 11,74 0,655 71191
2014 191 94796 10,46 0,655 62091
2015 200 94188 10,4 0,655 61693
2016 201 93131 10,36 0,655 61000
TOTAL 1.441.164

Elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Sanidad.

Lo señalado sobre la influencia de la IVE en el problema demográfico que padecemos no son más que hechos. No sé si éstos fueron valorados en su justa medida en su momento, o si se hizo posiblemente por pura estrategia electoralista que diera réditos políticos a corto plazo.

H. Ausencia del problema en la agenda política. No somos conscientes del desastre.

Aunque no han sido muy numerosos los estudios que alertaban del problema demográfico que se veía venir, los ha habido y con datos bien fundamentados y contundentes. El caso es que no ha sido una cuestión prioritaria para los partidos políticos, ni ha sido tratada en grandes debates parlamentarios, sólo ha sido objeto de atención en alguna comisión parlamentaria y sin que se lograra que trascendiera demasiado a pesar de la importancia de la cuestión.

Los responsables políticos también han podido tener en sus manos, incluso puede que los hayan leído, artículos y trabajos que quitaban hierro a la situación demográfica y tranquilizaban a aquellas conciencias que pudieran haberse preocupado. Algunos de esos estudios eran consecuentes con las tesis ecologistas que propugnaban el control de la natalidad a nivel mundial, en base a que se estaba llegando una superpoblación extrema y consideraban que los recursos del planeta no iban a ser suficientes para mantenerla.

Otros, sin esa visión catastrofista, consideraban que la despoblación, la baja tasa de natalidad y el déficit de población activa se podrían solucionar con la inmigración, así, a secas. Suponemos que éstos últimos no tuvieron en cuenta el comportamiento de los inmigrantes en tiempos de crisis económicas, cuando el tejido empresarial de la nación no tiene la capacidad necesaria de generación de empleos y se quedan sin trabajo durante largas temporadas. Tampoco contaron con el ejercicio de la picaresca que ponían en práctica algunos empresarios (y particulares) que, incumpliendo la legislación laboral, ofrecían “trabajo negro” a inmigrantes, con la correspondiente merma de los ingresos de la seguridad social y la hacienda en concepto de cotizaciones e impuestos. Imagino que tampoco repararon en las cualificaciones que demandaba el mercado laboral en cada momento, ni en las que se requerirán en un futuro no muy lejano, cuando la robotización esté aún más extendida; aunque en este caso les comprendemos porque creo que nadie o muy pocos saben o intuyen cuáles serán los trabajos que se ofertarán en el futuro.

Las posturas feministas han influido evidentemente en el ánimo de los responsables políticos a la hora de introducir en la agenda política algunas cuestiones relativas a la IVE, a los métodos anticonceptivos y a los métodos abortivos de carácter químico. Sin entrar a valorar estas reivindicaciones feministas, lo que nos parece evidente es que, al entrar estas cuestiones en la agenda política, no se facilitaba la entrada en la misma de políticas de ayuda a la familia para incentivar de la natalidad. No obstante, gracias al empeño feminista entre otras cosas, si se han logrado medidas de apoyo a familias monoparentales y a madres solteras que indirectamente resultan incentivadoras para la natalidad.

Estos mensajes ecologistas, pro-inmigración y feministas calaron y consiguieron que muchos ciudadanos y políticos considerasen el control de la natalidad una medida normal y conveniente, y que las políticas de ayuda a la familia no eran tan necesarias u oportunas. Algunos pensaron, no sin cierta razón, que la inmigración era una forma de lograr la globalización de la redistribución de la riqueza y el bienestar, al producirse hacia los países del “primer mundo” flujos de personas desde zonas que están entre 10 y 37 veces por debajo de nuestro nivel de vida.

Sea como sea, el hecho es que no se ha introducido en la agenda política de ningún gobierno, de forma seria y formal, un conjunto coordinado de políticas públicas determinantes para dar solución a un problema demográfico cada vez más importante. Puede que, los intelectuales, líderes de opinión y nuestros representantes políticos no sean conscientes de la realidad y seriedad del problema que se nos viene encima, aunque nos cueste creerlo. De todas formas, es necesario remover sus conciencias, insistir en que aún es tiempo de tomar medidas con visión de estado y a largo plazo, por encima de consideraciones partidistas, para evitar lo que antes del año 2060 será incorregible.

Pirámide poblacional esperada para 2051

 

Pirámide poblacional esperada para 2061

 

[1] Movimiento Natural de la Población 2017, INE,   https://www.ine.es/prensa/mnp_2017_p.pdf. Pg,s 2 y 3

[2] Nuria Legazpe Moraleja de la Universidad de Castilla-La Mancha, Departamento de Economía Española e Internacional, Econometría e Historia e Instituciones Económicas. El trimestre económico” vol.82 no.328. https://www.researchgate.net/publication/285578383_Mujer_trabajo_y_familia_en_Espan

[3] Nuria Legazpe Moraleja de la Universidad de Castilla-La Mancha, Departamento de Economía Española e Internacional, Econometría e Historia e Instituciones Económicas. El trimestre económico” vol.82 no.328. https://www.researchgate.net/publication/285578383_Mujer_trabajo_y_familia_en_Espana

[4] Jesús González Fonseca, “Casi el 30% de las mujeres nacidas a partir de los 70 acabará su edad fértil sin haber sido madre”, 20 febebro de 2010, Solo se que no se nada (blog),   http://jesusgonzalezfonseca.blogspot.com/2010/02/casi-el-30-de-las-mujeres-nacidas.html

[5] Doctora Almudena Moreno Mínguez, “Cambios en la fecundidad y el empleo femenino en los estados de bienestar del sur de Europa en perspectiva comparada” (Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, 2004), 45

[6] Esping Andersen.  The Three Worlds of Welfare Capitalism (1990).

[7] Doctora Almudena Moreno Mínguez, “Cambios en la fecundidad y el empleo femenino en los estados de bienestar del sur de Europa en perspectiva comparada” (Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, 2004), 60

[8]Porcentaje de hombres y mujeres graduados en educación superior en la UE”, INE, 2014, https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259925481157&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout&param1=PYSDetalle&param3=1259924822888

[9] Esteve,, Garcia-Roman, Permanyer. “The Gender-Gap Reversal in Education and Its Effect on Union Formation: The End of Hypergamy?”.,  Population and Development Review, 38 (3):535, septiembre 2012.

 [10] “Encuesta sobre Fecundidad, Familia y valores 2006”, Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). 1ª ed., 1ª imp.(15/12/2009)

 

[11] “Encuesta Continua de Hogares”, INE, https://www.ine.es/prensa/ech_2017.pdf. Pag 3

[12] Inés Alberdi (UCM) y Catherine Hakim (London School of Economic). Opiniones y Actitudes. Encuesta de fecundidad, familia y valores 2006, Cap 6. Centro de Investigaciones Sociológica (CIS). 1ª Edición diciembre 2007

[13] “Encuesta Continua de Hogares 2017”, INE, ,https://www.ine.es/prensa/ech_2017.pdf. Pag 3

[14] “Estadística de Nulidades, Separaciones y Divorcios”, INE, https://www.ine.es/prensa/ensd_2016.pdf. Pag 1

[15] “Encuesta Continua de Hogares 2017”, INE, https://www.ine.es/prensa/ech_2017.pdf. Pag 5

[16] Álvaro Sanchez, Los españoles dejan el hogar familiar diez años después que los suecos”, periódico El País (mayo 2017), https://elpais.com/politica/2017/05/03/actualidad/1493807061_134316.html

[17] Martí Paola, ¿España es un país para tener hijos?, https://reportajes.lavanguardia.com/cuanto-cuesta-tener-un-hijo/espana-pais-hijos/

[18] Inés Alberdi (UCM) y Catherine Hakim (London School of Economic). Opiniones y Actitudes. Encuesta de fecundidad, familia y valores 2006, Cap 6. Ed. Centro de Investigaciones Sociológica (CIS). 1ª Edición diciembre 2007

[19] Inés Alberdi (UCM) y Catherine Hakim (London School of Economic). Opiniones y Actitudes. Encuesta de fecundidad, familia y valores 2006, Cap 6. Ed. Centro de Investigaciones Sociológica (CIS). 1ª Edición diciembre 2007

[20] Inés Alberdi (UCM) y Catherine Hakim (London School of Economic). Opiniones y Actitudes. Encuesta de fecundidad, familia y valores 2006, Cap 6. Pags 186 y 188. Ed. Centro de Investigaciones Sociológica (CIS). 1ª Edición diciembre 2007

[21] “Interrupción Voluntaria del Embarazo” (Documento de Ministerio de Sanidad Consumo y Bienestar Social , Madrid, 2016), http://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/embarazo/home.htm#publicacion

[22] “Movimiento Natural de la Población”, INE, https://www.ine.es/prensa/mnp_2017_p.pdf

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